¿Soñadores?


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Hace algo más de una semana, el pasado 28 de Agosto, se celebró el 50 aniversario del discurso de Martin Luter King en las escalinatas del Monumento a Lincoln. Han pasado cincuenta años desde el fascinante “Tengo un sueño” y me parece que hoy, más que nunca, necesitamos de líderes como Martin Luter King con la capacidad de tener sueños, sueños movilizadores con la disponibilidad de generar cambio para una sociedad mejor.

En unos momentos de crisis como los actuales, pienso que es más vigente que nunca la necesidad de construir una sociedad que recupere la centralidad de los valores humanos y de la cultura, donde la economía- junto a las oportunidades que nos ofrece la tecnología- sea reconducida hacia la realización de un mundo a medida de las personas, un mundo mejor. En este sentido me parece también muy importante recuperar la figura de otro soñador ilustre como fue el italiano Adriano Olivetti, emprendedor, intelectual y político, para inspirarnos en el cambio que necesitamos. Adriano nos dejó hace poco más de 50 años, pero su pensamiento avanzado es igual de fascinante que el de Martin Luter King. Fue también un gran soñador, que pensaba que el estado estaba demasiado lejos física y moralmente de los problemas y los intereses de los ciudadanos. Creía totalmente en la fuerza de los ciudadanos, de las personas y en la importancia de la ética y los valores morales –de la solidaridad y la reciprocidad- como centro de la acción política y también empresarial; algo ampliamente ausente, desafortunadamente, en nuestros días; un tiempo donde solo parece imperar la lógica del simple beneficio. Para Olivetti la esperanza consistía en una vida donde la lucha no fuera por el dinero y el poder, sino en el esfuerzo para el bien de la Comunidad.

Olivetti, no solo con la palabra sino también con la acción, intentó ser fiel a sus principios y valores. De hecho, en unos de sus famosos escritos (Prime esperienze in una fabrica), Adriano Olivetti se preguntaba si una industria, una empresa, debe de tener unos fines, y si estos fines están simplemente en el índice de los beneficios de la empresa o más allá. Para él, el fin del empresario, de la fábrica, de los trabajadores, estaba más allá de la actividad productiva y los puros beneficios: debía encaminarse a construir una comunidad mejor, enfocada al bien común. Después de la segunda Guerra Mundial, Olivetti nos decía y auguraba,.. “si la economía, la tecnología, la producción prevalecen sobre el hombre, al final solo servirán para producir destrucción y desorden”. Bajo esta premisa, también reflexionó sobre el hecho que solo un porcentaje muy bajo de la riqueza producida en un país por su actividad económica retornara a la comunidad, al bien común.

La comunidad y el bien común, un sueño o ¿algo posible…?

Las reflexiones de Olivetti son palabras certeras que hoy toman un valor mucho más significativo. Creo  que necesitamos pensar sobre su sueño, un sueño que no es tan sueño y que es posible si nos replanteamos nuestro modelo actual y cuál es nuestro fin. No hablamos de un sueño inalcanzable, pues ya existen muchas medidas que podrían ser aplicadas por nuestros gobiernos si estuvieran por la labor. En este sentido, me parece significativas y relevantes las aportaciones de personas como Christian Felber, filólogo y psicólogo austriaco y profesor de la Universidad de Viena, que en su trabajo sobre la economía del bien común apunta la necesidad de las empresas de regirse por criterios de utilidad social, en la misma línea de lo que Olivetti apunto hace más de cincuenta años. En su trabajo, Felber, nos ofrece datos que muestran como la diferencia de renta entre ejecutivos mejor pagados y operarios en las empresas ha pasado de una relación de 24 a 1, en 1965, a una de 325 a 1, en 2011. En una reciente entrevista publicada en el dominical del periódico el país, Felber nos explica como la limitación de esta desigualdad ya está provocando algunas primeras medidas en países Europeos como Suiza y Austria (http://internacional.elpais.com/internacional/2013/08/30/actualidad/1377859146_576653.html). También, el economista y profesor de la Universidad de Harvard, Yochai Benkler, apunta el hecho de que varias empresas que operan en los mercados más competitivos están dejando de lado las estrategias basadas exclusivamente en la recompensa, desarrollando nuevos procesos empresariales que tienen más en cuenta el bien común.

Este es el camino que debemos tomar, repensando nuestro fin y retomando la centralidad de las personas y de la comunidad, del bien común y la utilidad social. Quizás solo requiere de plantearse siempre una sola pregunta ante cualquier acción: … ¿es por el bien de la comunidad?.

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