La Clave Femenina. IWD2017


“Hay pensamientos que parecen únicos y no lo son”. Moises Naím

El papel de la mujer en nuestra cultura e historia

Ayer por la noche Diana Zoraida Castelblanco, Directora de programas de diseño industrial de la Universidad Jorge Tadeo de Bogotá, me mandó información sobre una interesante exposición en el Museo del Oro de Bogotá: “Lo femenino se toma la palabra”[i]. Una interesante recorrido temático desde la mirada de sus mujeres -a través de las piezas de la colección permanente del museo- para hablar de la mujer, lo femenino y los símbolos que representan a este género. Un interesante evento para tomar conciencia de la forma en que las personas fueron representadas y el papel de la mujer en nuestra historia y cultura.

Esta mirada propuesta por el museo se inicia como homenaje y celebración al “Día Internacional de la Mujer” que celebramos hoy. Un día para reivindicar el papel de la mujer en búsqueda de la igualdad, y la lucha por los derechos. Su origen lo debemos a un hecho que marcó la historia de la mujer en el trabajo, en un mismo día como hoy –el 8 de marzo del año 1908- donde un incendio en la fábrica Cotton de Nueva York fue el origen del homenaje que celebramos cada año.

Desafortunadamente, solo en el día de hoy, parece existir la sensibilidad y la conciencia de reconocer a todas las mujeres y su rol como artífices de la historia. A día de hoy aún se constata aún la dificultad en la lucha de la mujer por participar en la sociedad y para conseguir algo que debería ser propio de la raza humana sin sicusiones: la plena igualdad entre mujeres y hombre como miembros de la sociedad. La igualdad de género.

¿Lo femenino?

Si analizamos nuestra evolución como humanos, seguramente estaríamos de acuerdo en que a lo largo de los tiempos y en las diferentes culturas, podemos advertir como se aprecia una forma de hacer y ser propias del universo femenino. Es algo que podemos interpretar como una cierta sensibilidad: en una forma de vivir y sentir la vida de forma más afectiva, junto a una clara dedicación y orientación a todo aquello que podríamos denominar como lo intrínsecamente humano. De forma general compartimos la convicción de que existe una forma de hacer las cosas propia de las mujeres y del rol femenino. Sin lugar a dudas, a lo largo de la historia, las mujeres han tenido un papel muy relevante pero desafortunadamente vivimos en una cultura masculina dominante -que se concibe por y para los hombres- donde lo femenino tiene un papel secundario y ha sido enormemente infravalorado.

No obstante, basta remontarse a la historia de la humanidad para comprender el importante rol que han desempeñado las mujeres en nuestra evolución, tal como lo demuestra la actividad propuesta en el Museo del Oro de Bogotá. Las mujeres han constituido siempre una parte muy importante de sustento social en todas las culturas, no solo como reproductora sino también como productora. Existen varios tipos de culturas donde la mujer pudo haber tenido un papel de paridad y de cierta predominancia política. La relevancia de la mujer en la sociedad viene dada desde el comienzo de la Humanidad. En la mayoría de las culturas prehistóricas destacan a la mujer como figura dominante, como diosa, en su concepción del universo. La “Gran Diosa Madre” de todo lo creado. Se trata de la primera representación de divinidad que tenemos, con anterioridad a las representaciones de los dioses-hombres, y, claramente, de carácter femenino.

Cuando se desarrolló la sociedad agrícola, el campo pasó a ser una tarea mayoritariamente del hombre y la mujer pasaría a estar relegada progresivamente al espacio privado doméstico y familiar. Con lo cual fueron separadas del mundo “publico”, de la actividad económica y la toma de decisiones. La declinación del papel económico de la mujer y su desplazamiento hacia un rol relativo a la reproducción, obviamente también se tradujo en los patrones de poder y autoridad del hombre. Una constante que aún la encontramos en nuestra sociedad actual.

Los datos nos indican que no estamos en la buena dirección. En España, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la brecha salarial por sexos y por edades se ha ido agrandando en estos últimos años: aumentaron los sueldos de los hombres y bajaron los de las mujeres y los jóvenes, situándose en el 17,8%. Una diferencia salarial entre mujeres y hombres que en Europa se mantiene en torno al 16%.  Así, con motivo de la celebración del “Día de la Igualdad Salarial”, la Comisión Europea señalaba que las mujeres europeas trabajan 59 días al año gratis. Una desigualdad que no tiene ninguna justificación, excepto bajo la imposición de un modelo masculino que sigue considerando el trabajo de las mujeres como secundario, como un complemento al del hombre, para justificar esta discriminación. A nivel mundial tampoco son muy alentadores los datos que nos muestra el Foro Económico Mundial en su estudio anual “The global gender gap”[ii] sobre la brecha que existe en los ingresos anuales entre hombres y mujeres. Tal como indican los datos, los hombres tienen una media de ingresos anuales que doblan a los de las mujeres.

El modis operandi femenino. La gran oportunidad

Tradicionalmente, la diferencia entre ser hombre y ser mujer se ha construido desde la educación que cada uno de nosotros hemos recibido. En esta educación se han generado construcciones tales como que la mujer es aquella persona que debe preocuparse por los demás, antes que por ella misma, y que siempre debe estar dispuesta a servir. Por el contrario, la idea hombre se ha construido desde una imagen autoritaria y postergada de la mujer; de una mujer como un ser inferior, que debe subordinarse a los deseos del hombre, sin importar sus propios intereses.

No podemos hacer una distribución de virtudes y cualidades propias de hombres y mujeres, pues no son una cuestión inherente de cada sexo, ni tampoco del nivel biológico. Puede haber hombres con gran sensibilidad e intuición, de la misma forma que existen mujeres con gran destreza técnica, competitividad y fuerza. No es verdad que a la mujer -por ser mujer- le corresponda solo la ternura y al hombre -por su condición de hombre- solamente la fortaleza. Se trata de unas cualidades que pueden ser cultivadas y aprendidas por cualquier ser humano. Por tanto, estamos hablando de educación y modelos

Hoy en día ya podemos hablar de una cierta crisis de la masculinidad, por qué no todos los hombres se sienten cómodos bajo la imagen dominadora y competitiva. Muchos ya se rebelan y no quieren adoptar modelos dominantes de virilidad casi caricaturescos, que son fruto del pasado. No quieren renunciar a expresar sentimientos y emociones que son totalmente legítimos pero que -tradicionalmente- han sido vistos como solamente “femeninos”. Actualmente ya aparecen categorías como las del “hombre blando” para definir a un hombre que se contrapone al ideal tradicional de “hombre duro”. Todo ello es expresión y signo claro de una nueva sensibilidad que –aunque quizás está emergiendo de forma tímida– nos señala la necesidad de este cambio cultural hacia un “nuevo hombre”.

Feminización. ¿El poder transformador para el liderazgo?

Bajo esta sensibilidad latente, quizás se explique que en muchos ámbitos, incluso en el tradicionalmente conservador de las empresas, se empieza a reivindicar el papel y rol de lo femenino. Incluso se reivindica el liderazgo en clave femenina, pues permite combinar razón con emoción. El modus operandi femenino permite desarrollar una alta capacidad para cualquier situación, especialment porque no anteponen su ego. Además esta mirada y modo de hacer femenino comporta una habilidad y capacidad en integrar hechos y perspectivas procedentes de muchas fuentes diferentes. En escuchar y educar, intentando siempre potenciar al máximo al otro. Por ello, el liderazgo femenino posee un estilo muy integrador y debemos reivindicar este modus operandi femenino.

Abordar la necesidad de una mayor feminidad en el liderazgo no implica -en absoluto- el hecho de debatir sobre hombres contra mujeres, sino, más bien, de considerar a los dos modelos de liderazgo, el masculino y el femenino, como dos alternativas cuya posible integración y complementariedad representa el futuro del liderazgo. Hay que aclarar que los dos arquetipos (femenino y masculino) pueden ser exhibidos perfectamente tanto por hombres como por mujeres. Si es cierto que existe una predisposición natural, también sabemos que ambos géneros pueden adquirir y utilizar las características de los dos modelos. Desafortunadamente, mucho de lo que se ha escrito hasta ahora acerca de los líderes y el liderazgo se basa en el arquetipo masculino. Carisma y valor son consideradas características masculinas y, a menudo, de una mujer líder se espera que muestre estos atributos masculinos.

En mi opinión, no creo que el debate deba articularse sobre el modo en que las mujeres y los hombres lideran. Hay muchas formas de liderazgo y de líderes, independientemente del género. El problema no es una cuestión de ser hombre o mujer, sino de ser y actuar como líder a partir de unos determinados valores. Quizás la mejor manera para empezar el cambio es plantearnos la cuestión que en el Museo del Oro de Bogotá con su evento nos interpelan: ¿Qué podría descubrirse sobre nuestro pasado, sobre nosotros mismos y sobre nuestro futuro si aplicáramos una mirada desde lo femenino?.

 

[i] http://www.banrepcultural.org/bogot/evento/lo-femenino-se-toma-la-palabra-en-el-museo-del-oro

[ii] http://reports.weforum.org/global-gender-gap-report-2015/social-media/

 

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