¿Emprendilandia?


Emprendedores y emprendimiento.

Cada vez que vengo a América Latina me sorprende su vitalidad y capacidad de generar cambio. Esta región, se ha convertido en un semillero de nuevas empresas y es ya una de las regiones  más emprendedora del mundo, algo que en España también se está convirtiendo en un fenómeno, especialmente entre los jóvenes.

Curiosamente, el término “emprendedor” deriva de la acción de emprender, que proviene del latín coger o tomar. Se trata de un término que originalmente se aplicaba a las personas consideradas aventureras y que iniciaban una aventura con un fin muchas veces incierto y desconocido. Hoy en día, este mismo término ha pasado a tener -mayoritariamente- unas claras connotaciones comerciales y de empresa, asociándose frecuentemente a empresarios exitosos como Mark Zuckerberg y muy poco al significado original de aventura “incierta”.

Si cualquier persona busca en Google la palabra “emprendedor” le saldrán aproximadamente 17.600.000 resultados (0,64 segundos). Si la palabra es “start up” los resultados se multiplican casi por diez y serán aproximadamente de 173.000.000 resultados (0,76 segundos). En la mayoría de países se trata de dos términos híper utilizados y que de forma frecuente van unidos a una emergente ola emprendedora, a la manera de los norte-americanos. Es curiosos ver cómo, finalmente, parece que la vocación empresarial por fin se ha abierto paso. En cualquier ciudad se multiplican los proyectos y actividades para fomentar el emprendimiento: viveros, concursos televisivos, maratones, encuentros, premios, y una incesante proliferación de libros sobre emprendedores. Junto, obviamente, a un argot específico de términos como business angel, business plan, seed capital, elevator pitch, venture capital, private equity, bootcamps, fund raising, business model canvas, etc.

¿Cultura emprendedora?

Cualquier ciudad quiere su Sillicon Valley, su distrito de startups, organizar bootcmaps, premios y eventos para fomentar el espíritu emprendedor y crear empresas. Sin embargo, debemos ser conscientes de las especificidades culturales de cada país, pues una de las grandes diferencias entre Estados Unidos y España es que, en este país el tejido de la sociedad no apoya el emprendimiento como lo hace en Estados Unidos. Quizás por ello, España tiene una cultura emprendedora baja con respecto a otros países. Además, el boom del emprendimiento en España deberíamos analizarlo y ver cuáles son las motivaciones de esta “vocación empresarial”. ¿Cuál es la motivación real? Es debido a un cambio de mentalidad o, quizás, se debe a la necesidad de generar autoempleo porque el trabajo por cuenta ajena sigue escaseando en este contexto de crisis económica y. además, es cada vez más precario.

Quizás, no es arriesgar mucho decir que como resultado de la crisis, de la precariedad labor y la desesperación que comporta el desempleo, muchas personas se han visto obligadas a “emprender” y, seguramente, este emprendimiento por necesidad conlleva un gran riesgo, pues no existe una base sólida que lo sustente como en otros países con mayor tradición, cultura y recursos. Por ejemplo, en Estados Unidos existe un entorno de políticas públicas que permite a los emprendedores tomar riesgos, crear compañías, e incluso fracasar sin arruinarse. También, existe una gran diferencia en el tipo de cultura de los inversores y el riesgo, bastante distinta a la aversión al riesgo de España donde quizás hay una mayoría de “rentistas” y no de inversores dispuestos a asumir riesgos y quizás perderlo todo.

En este sentido, una de las grandes diferencias es que en España y seguramente por extensión en los países latinos –generalmente- se tiene mucho miedo al fracaso, a perderlo todo, tanto el dinero como el estatus. Además, en Estados Unidos hay un entorno regulatorio que permite a las start-up su crecimiento, una red de seguridad y la ley de quiebras, un entorno de relaciones institucionales (universidad, empresa, organizaciones, etc.) que aproxima a los agentes esenciales y, también, un importante apoyo financiero público. Por tanto, no es de extrañar que un determinado entorno (cultural, educativo, económico, social, político, legal, etc.) sea el que haga de los Estados Unidos un excelente lugar para emprender.

¿Emprendimiento, ficción o realidad?

Debemos ser conscientes de que hay una gran diferencia entre el hecho de emprender (en el sentido original de la palabra), la acción de crear algo (sea un producto o un servicio) y donde muchas veces el creador se desvincula del proyecto, y las actividades de iniciar un proyecto empresarial (sea esta una empresa, una microempresa o autónomo), dirigir una empresa o gestionarla para que crezca y sea sostenible. Sin embargo, parece que hoy existe una clara concepción generalizada del hecho que crear una empresa es algo que se hace solo con el objetivo de venderla y hacerse millonario, sin importar si realmente existe una clara demanda en la sociedad para desarrollar una nueva oferta sea un producto, un servicio o las ya famosas apps.

Parece haberse olvidado que tradicionalmente una empresa es algo que se debe cuidar y cultivar, para hacerla crecer y florecer, para construir una ventaja competitiva y crear valor a largo plazo y de manera sostenible para la sociedad. Respondiendo a las demandas reales de los consumidores. Este debe ser sin duda el motivo del éxito de una empresa, y no solamente la venta por una suma exorbitante de dinero que solo cambia la vida de su fundador. Quizás es hora de reflexionar sobre la cultura start-up y el emprendimiento y. especialmente, sobre el significado de emprender e iniciar una empresa.

 

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