EL ADN del Emprendedor


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¿Existe un ADN del Emprendedor…?

Posiblemente esta es una pregunta que reiteradamente se nos plantea, y mucho más en un contexto de crisis como el actual, en un tiempo donde es tan necesario el crear empresas y empleo. Con gran seguridad, al pensar en un emprendedor,  munchos pensarán en un joven, recién licenciado, y con su Mac para diseñar una nueva app, que le hará millonario. Quizás este sea un primer problema a la hora de plantearse que características tiene un emprendedor, restringirse solo a una edad y a un solo ámbito, el tecnológico. Pienso que el ser emprendedor no depende de la edad ni de un determinado tipo de conocimiento técnico, pues ser emprendedor es una cuestión de actitud y, además, la experiencia también cuenta como factor de éxito.

De hecho, según publicó la revista Forbes, basada en el test realizado por el Founders Intitute, propietario de un acelerador de empresas en Sillicon Valley, (entrevistado a más de 15.000 candidatos), identifica como característica importantes en el ADN del emprendedor la experiencia. Así, destacan que para emprender y crear una empresa la edad ideal son los 34 años. Incluso también remarcan que, cada año que pasa, las posibilidades de éxito siguen aumentando, hasta llegar sobre los cuarenta años: (http://www.forbes.com/sites/davidkwilliams/2013/03/01/do-you-have-entrepreneurial-dna-a-test-to-help-you-decide-article-and-infographic/)

Por otro lado, en el ADN del emprendedor no solo cuenta la edad. Observando aquello común en los emprendedores y también basado en mi experiencia personal como emprendedor, pienso que existe un patrón de rasgos característico de lo que podríamos denominar como el ADN del emprendedor, con una clara componente  a nivel de actitudes. Los componentes que lo integran se basan en 7 principios básicos:

Saber asumir la incertidumbre, pues la experiencia de emprender no es un proceso en línea recta. Emprender conlleva riesgo e implica explorar lo nuevo y desconocido. Ninguna idea o proyecto nace perfecto, hace falta probar, equivocarse y aprender.

Pensar globalmente, es fundamental evitar el “provincionalismo” y pensar de forma global. El talento, los recursos y las oportunidades están en cualquier lugar del mundo, y los mercados también.

Soñar y pensar sin límites, los límites son justificaciones que nos ponemos nosotros mismos. La mejor manera de no emprender es pensar que no es posible y, además, buscar la justificación para terminar creyéndose que no es posible.

Ser constante, tener determinación y perseguir el objetivo. No dejarse derrotar a la primera que algo no sale como esperado, buscar siempre otra opción, otra forma de afrontarlo y solución. La capacidad de adaptación y auto-motivación es fundamental en un terreno donde todo varía constantemente.

Rodearse de los mejores, pues la mejor fuerza es el equipo y el recurso más preciado el talento. Es importantes, pensar de forma inteligente cuáles son el tipo de conocimientos y talento que requieren mi proyecto, que complementan mi experiencia pues es imposible que yo sepa y pueda hacerlo todo mejor que nadie. También requiere de pensar estratégicamente para saber ver con quíen hay empatía y una mayor afinidad a nivel de valores, comportamiento y cultura, pues la fuerza de un equipo está más allá de sus conocimientos y experiencia profesional. Lo que marca la diferencia es la capacidad de compartir un proyecto y construir una cultura, un código de valores y comportamientos que permitan sacar el máximo provecho de la fuerza del grupo, de su complicidad, de su rigor y nivel de exigencia con ellos mismos y con el resto del equipo. Esta unión y complicidad es lo que permite ser fuertes en los momentos más difíciles, pero implica el saber tratar al equipo para que estén a gusto y, así, poder conseguir lo mejor de ellos.

Ser crítico y curioso, no enamorarse de las propias ideas y contrastar, contrastar y contrastar con el equipo, con expertos, con usuarios,… pues siempre hay una forma de poder mejorar nuestra idea. Es fundamental ser positivo y creativo, cultivando el espíritu crítico y la curiosidad, para estar siempre aprendiendo, observando y buscando nuevas experiencias, permanecer abierto de mente y receptivo con los comentarios y críticas que se reciben, con los nuevos conocimientos que se generan pues seguro que se pueden surgir nuevas oportunidades de crear valor.

Ser emprendedor no es un trabajo, es una ACTITUD que no puede confundirse con la de ser un empresario.

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